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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Sexualidad en la Tercera Edad

21 de febrero de 2014 Publicado por | SEXUALIDAD, TERCERA EDAD, VIDA POSITIVA | , | Deja un comentario

“El aumento de las demencias es lo que hay que pagar por vivir más años”

La directora de la Unidad de Demencias del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, Carmen Antúnez, ha impartido la conferencia de clausura (del IV Congreso Nacional de Psicología)

El Templo del Monasterio de Los Jerónimos ha acogido esta tarde la clausura del IV Congreso Nacional de Psicología, que comenzaba ayer miércoles con la intervención del catedrático en Psiquiatría, Julio Vallejo-Ruiloba, quién enumeró los problemas actuales de la psiquiatría. La médico especialista en Neurología y directora de la Unidad de Demencias del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, Carmen Antúnez, ha impartido la conferencia de clausura en la que ha hecho referencia, entre otros puntos, a cómo afecta el estrés al cerebro.

Carmen Antúnez Almagro

La doctora Antúnez ha disertado sobre su campo de actuación, las demencias, “una enfermedad que toca el núcleo de lo que es la persona, el cerebro; que toca no sólo los aspectos cognitivos sino que también afecta a la toma de decisiones, es decir, aquello que nos hace personas libres y tener una entidad”, ha matizado. Sobre el aumento de la esperanza de vida de la actual sociedad, lo que ha definido como el logro más importante, ha asegurado que “el aumento de las demencias es lo que hay que pagar por vivir más años”. Del mismo modo, ha resaltado que se ha avanzado mucho en este campo, “ahora ya sabemos casi todo lo que pasa, por qué se produce; lo que ocurre es que no tenemos una solución. Pero el primer paso es saber lo que está pasando para buscar una solución”.

Estrés

Cada vez las sociedades son más conscientes de las repercusiones negativas que el estrés puede tener no sólo en el día a día, sino también en la salud. Según indica la directora de la Unidad de Demencias del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia el estrés es un potente inmunosupresor, que además, a nivel bioquímico, genera muchos cambios y también produce lesiones inflamatorias en ciertas zonas del cerebro, por ejemplo, a nivel de la corteza cerebral, del hipocampo, donde está la memoria. “Conocemos muchas enfermedades que son secundarias al estrés, por ejemplo el hipertiroidismo es una de ellas”, ha afirmado.

Las emociones, las grandes olvidadas

Por otra parte, Carmen Antúnez ha hecho hincapié en la importancia del área emocional en nuestra vida, en nuestro organismo, y ha resaltado este ámbito como una de las áreas del cerebro donde se están desarrollando avances. “Las emociones son una parte muy importante de nuestro cerebro, y en nuestra cultura está un poco olvidada la importancia que tienen. El área emocional de los individuos es la más importante, y cuando está equilibrada, el cerebro está mucho más armónico”, ha aseverado.

Psiquiatría&psicología

Vallejo-Ruiloba, que impartió la lección inaugural, enumeró durante su ponencia los problemas actuales de la psiquiatría, entre los que citó el enfrentamiento entre clínicos e investigadores o el problema de la delimitación entre trastorno mental y enfermedad mental. Sobre la relación de la sociedad con el psicólogo y el psiquiatra, el catedrático aseveró que en la última década puede ser que esta haya perdido un cierto miedo al psiquiatra, y acuda más. “Aun así, gran parte de la gente prefiere acudir al psicólogo que al psiquiatra porque le da la impresión de que es menos grave, de que el psicólogo es una forma más benigna de tratar los problemas”, matizó.

 Fuente: UCAM

21 de febrero de 2014 Publicado por | DEMENCIAS, ENVEJECIMIENTO, ESTRÉS, TERCERA EDAD | , , , , | Deja un comentario

Psicología Profunda – por Eduardo Tato Pavlovsky

Psicología profunda

 Por Eduardo “Tato” Pavlovsky (Página 12 -20 de febrero de 2014)

Me levanté con hambre de acontecimiento, de romper la rutina enloquecedora del miedo a morir, del abandono, del aburrimiento. De todas esas cosas que van reduciendo las energías vitales y que son especialistas en hacerte perder el sentido de la vida con suma facilidad. A los cincuenta años me sentía de veinte y a los ochenta, me siento de ochenta. Dónde quedaban mis energías del riesgo, del cambio, del desafío, del humor, del devenir ruso con que alimentaba los romances de otras épocas. De jugar siempre por los bordes, por los laterales, como un “anómalo” diría Deleuze. Ni perro ni lobo, solo entre perro y lobo. Inasible. Caminando distraídamente encontré una iglesia metodista, creo que eran cristianos evangélicos. En Latinoamérica son famosos por sus intervenciones sanadoras. Son sanaciones particulares y siempre espectaculares, su mayor mérito es que singularizan mucho a las personas (Qué tal, Cata, ¿cómo anda de su rodilla? ¿Le duele menos? No se olvide de tener un poco de paciencia cristiana y llegará pronto su curación… y al otro día: Cata, ¿cómo va eso? Mucho mejor, doctor, mucho mejor. Un poco de paciencia nada más. Hasta el jueves, Cata. Hasta el jueves, doctor), especialistas en crear vínculos posibles, personales. Ser reconocido como paciente singular, nunca anónimo. Caminaba hacia casa y tomaba un taxi. Feliz. Había elegido la fecha (Quiero morir a los 101 años). Tiene que firmar aquí y léase bien el prospecto, las indicaciones y después vuelva. Tómese tiempo y reflexione, no deje de leer la letra chica. Fue una decisión adrenalínica. De otras épocas. De otras voluntades. Tuve miedo. ¡Qué bueno es tener miedo, hace mucho que no lo sentía! Me sentía joven. Sin el miedo no hay cambio, pensé. El miedo de los afectos alegres, aventureros. Al llegar a la puerta de casa la encontré a Susy. Una pequeña extrasístole. Me dio pavura, tengo terror a la muerte pero ya estaba jugado, 101 era mi fecha. ¿Qué te pasa, te sentís mal? Quierodecírteloavosprimero, elegí morir a los 101 años. ¡Qué horror!, dijo Susy, quién te aguanta a vos a esa edad, sos loco ¡querés matarnos a todos! Aquí tengo el prospecto del templo evangélico “Muerte anunciada”, tienen casos de 103, 98, 78 y 84 años. Con seguimiento médico y social. Pero ¿de dónde sacaste esa fecha, esa edad tan incómoda? Lo vi a Kirk Douglas por TV, el padre de Michael, es un viejo pintón a los 100 años… ¿vos no lo viste nunca? ¿Y las válvulas y aparatos que tiene el cuerpo? Sacale el frac y tiene el cuerpo enchufado a otros aparatos. ¿Y el bocho? ¿Cómo sabés si reconoce a alguien? Es un aparato viviente enchufado a otras sondas y válvulas uretrales. Y a vos, si te falla la memoria a los 80 ¡a los 100 no te van a quedar ya arterias cerebrales! Te vas a cagar y mear encima todos los días, de sólo pensarlo me da terror y un poco de asco. Yo acá no te puedo tener, no tengo la infraestructura de la familia Douglas, andá pensando. ¿Vos no vas a estar a mi lado? ¿Me vas a abandonar? ¿Y mis hijos no pueden turnarse y acompañarme? Tus hijos van a ser viejos, a esa edad los viejos no pueden cuidar a otros viejos. La clase baja es más piadosa, en nuestros centros evangélicos de Mataderos, Pompeya, Soldati y Lugano la gente es más solidaria, más bondadosa, más simple, menos especulativa. Mirá lo que dice en el prospecto: “Lo acompañaremos hasta el 2035, la fecha de sus 101 años. Cinco años antes de su fecha de muerte puede ingresar a nuestra institución, casa, comida y baño privado y todo sin pagar un peso. Solo por el amor a Dios”.

Recordé entonces la única duda que tuve en el centro evangélico. Mientras yo estaba leyendo el prospecto, un tipo de unos 70 años se acercó y me dijo “no firme, señor, no firme. Después no lo dejan morir. Tienen un equipo médico que no lo va a dejar morir tranquilo. Son los mejores especialistas del país que vienen contratados con instalaciones modernas de última generación. La guita les sobra. A mí a los 70 (yo había firmado a los 75 como fecha elegida) me sacaron la próstata dos veces, quedé limpio para toda la vida pero también quedé solo, la patrona vino cinco veces, ni vino a la operación. Dos meses después conoció a un jubilado en San Telmo y se casó con él. A veces me manda saludos por una hermana de un médico con quien fueron al colegio juntas. Yo me siento atrapado, ahogado, quiero morirme todos los días, pero ellos no me dejan. Quieren cumplir con el contrato. Tengo tanta vitamina encima que peso veinte kilos más que cuando llegué. No firme, señor, va a perder su dignidad. Basta de fechas anticipadas” y salió corriendo por un corredor donde un enfermero gritaba “Cuidado con Carranza”, así se llamaba. “Métanse en los cuartos por favor, es peligroso, no salgan.”

Susana me miró largamente, mientras rompía los papeles muy despacio y mirándome a los ojos me dijo: “A las diez empieza la novela, vamos a la cama, viejo, y déjate de joder. Yo te voy a cuidar hasta tu último día. Ahora intérnate conmigo, mi amor”. Y me dio las manos y me metió en la cama. Yo estaba con más endorfinas que nunca y sobre todo estaba feliz por la aventura, por el riesgo de otras épocas. Muy feliz.

21 de febrero de 2014 Publicado por | TERCERA EDAD | Deja un comentario

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