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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Entrenamiento Autógeno

El Entrenamiento Autógeno está constituido por una serie de sencillos ejercicios, diseñados para fomentar la salud por medio de la RELAJACIÓN PROFUNDA y la estimulación de los mecanismos de AUTOCURACIÓN del cuerpo.

Los ejercicios no requieren de ninguna vestimenta especial o posturas difíciles y el hecho de practicarlos unos pocos minutos por día trae consigo un poderoso efecto restaurador

Los ejercicios básicos fueron creados por el Dr. Schultz alrededor de 1920, quién basó su nueva técnica en su extenso conocimiento de los cambios fisiológicos ocurridos en la relajación profunda y en las técnicas orientales de meditación (como el Zen o el Yoga), que pueden enseñar el control voluntario del Sistema Nerviosos Autónomo.

El Entrenamiento Autógeno ayuda a desconectarnos de las presiones cotidianas, ayudando a conectar el sistema de descanso y relajación, permitiendo de este modo que el cuerpo se regenere a sí mismo. Conectarnos día a día con este sistema nos permite alcanzar un estado de calma y tranquilidad. Esta calma emocional no tiene que ver con un “apagamiento” de las emociones, sino con una disminución de su intensidad, intensidad emocional que está acompañada habitualmente con contracciones musculares innecesarias y perjudiciales.

En estado de relajación el individuo toma una actitud de distancia de aquello que se le presenta como problema. Es una especie de retirada voluntaria y terapéutica, un abandono momentáneo de lo que lo perturba para recapitular su situación.

Fundamentos del Entrenamiento Autógeno

El entrenamiento autógeno es un tratamiento psicológico de orientación psicofisiológica, cuya acción se ejerce mediante la activación de procesos naturales de autoregulación y de neutralización de experiencias traumáticas.

Inicialmente aplicado al tratamiento de trastornos psicosomáticos y de ansiedad, pronto se descubrió además su indicación en sindromes de estrés, incluyendo el trastorno de estrés postraumático, trastornos severos de la personalidad y cuadros depresivos relacionados con experiencias de duelo y pérdida. Sus aplicaciones extraclínicas derivan de su efecto potenciador de las capacidades homeostáticas del organismo, e incluyen sujetos sometidos a estrés laboral, deportes de competición, entrenamiento de astronautas y personas que actúan en situaciones extremas y como simple profilaxis o tratamiento preventivo de las tensiones de la vida cotidiana.

Sus orígenes históricos se remontan a los estudios del fisiólogo alemán Oskar Vogt sobre el sueño y la hipnosis a finales del siglo pasado, mediante los que llegó a describir una técnica de relajación denominada “reposo autohipnótico psicoprofiláctico”, basada en la concentración en sensaciones de peso y calor en las extremidades. Años más tarde, otro médico alemán, Johannes Heinrich Schultz, demostró que el estado inducido por la técnica de Vogt difería del estado hipnótico en dos variables importantes:

1. El estado especial de conciencia inducido por estos ejercicios se caracteriza por aumento de la amplitud mental, mientras que la hipnosis produce un estrechamiento de la conciencia.

2. La práctica del método autógeno conlleva una creciente sensación de autonomía e independencia del terapeuta, que contrasta con la conocida dependencia que constituye uno de los mayores inconvenientes clinicos de la hipnosis.

Schultz perfeccionó notablemente el método, al que denominó “entrenamiento autógeno”, por dos razones:

a) El estado especial de conciencia es autogenerado por el propio sujeto mediante la práctica personal de una técnica de concentración específica, de donde le viene el nombre de “estado autógeno”

b) La eficacia terapéutica depende de la inducción regular y repetida (aproximadamente tres veces al día) del estado autógeno de manera sistemática durante un periodo de tiempo (entre tres y doce meses), de donde viene el término de “entrenamiento”.

Schultz observó que la concentración sobre sensaciones de peso y calor en las extremidades llegaba a inducir un estado de relajación profunda de manera automática y espontánea, sin ningún esfuerzo ni intención consciente al respecto. La práctica repetida de los ejercicios aumentaba la habilidad del paciente para inducir por si mismo este estado peculiar, alcanzando niveles cada vez más profundos de relajación y acumulando beneficios terapéuticos. Por eso el propio nombre del método resalta la naturaleza autoinducida del fenómeno (esto es, independiente del terapeuta) y en la necesidad de una práctica regular para obtener beneficios terapéuticos.

Otro aspecto técnico importante descrito por Schultz es el de “concentración pasiva”, actitud mental imprescindible para la práctica del entrenamiento autógeno, que la mayoría de los sujetos pueden desarrollar de manera casi intuitiva, si son debidamente guiados para ello. Este tipo de concentración es diferente de la concentración voluntaria o activa empleada a diario para la resolución de problemas, y sin embargo no tiene nada que ver con el abandono de la imaginación ni con la distractibilidad fácil de las mentes perezosas.
El Método

Los ejercicios que integran el Entrenamiento Autógeno son seis, se desarrollan y aprenden en forma progresiva y consisten en:

Ejercicios de:

  • Peso (Relajación Muscular)
  • Calor (Relajación Vascular)
  • Corazón (Regulación Cardíaca)
  • Respiración (Regulación Respiratoria)
  • Plexo Solar (Regulación de los Organos Abdominales)
  • Frente (Regulación Cefálica)

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