Noticias en Salud Mental

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Niños maltratados, adultos enfermos

El maltrato infantil es un fenómeno social a nivel global que puede jactarse de gozar de “plasticidad” y cierto anonimato; ocurre, la mayor parte del tiempo, dentro del hogar, en privado, y bajo diversas variantes. Este maltrato –incluyendo la negligencia- no sólo da sufrimiento al presente de millones de niños en todo el mundo: les deja una injusta herencia de daños a su salud física y mental.

eugenia rodriguez guzmán

Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), México.

Por Eugenia Rodríguez Guzmán

Abordar el tema del maltrato infantil desde una perspectiva global es como darse a la tarea de imponer un mismo ritmo y estilo de vida a dos seres humanos con personalidad e intereses distintos. No es algo sencillo. Podemos asumir el reto de ser prácticos y reducir la complejidad de este fenómeno social a una fría definición de diccionario, pero, sin duda, dejaríamos de ver el problema en toda su complejidad: un amplio abanico de creencias y prácticas culturales entran en juego a la hora de evaluar las conductas que adoptan los padres como “métodos” para “disciplinar” a los hijos.

Así, la aún practicada ablación o mutilación genital a niñas y mujeres en África y Medio Oriente, por ejemplo, considerada como una mera costumbre social –y que no por ello deja de ser un acto de abuso físico- para acercarlas a consumar el matrimonio, no tiene cabida en el manual de castigos físicos “moderados”, tales como pellizcos, golpes o patadas, que los progenitores en México y Centroamérica justifican “… para corregir o enderezar las conductas de sus hijos”. 

Ante la pregunta de qué se entiende por maltrato infantil, podemos hacer uso de lo que se definió en la Consulta sobre la Prevención del Abuso Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1999: “el abuso o maltrato infantil constituye toda forma de maltrato físico y/o psicológico, abuso sexual o tratamiento negligente o comercial, u otra forma de explotación que cause o pueda causar daño a la salud del niño, a su sobrevivencia o dignidad en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.”

Esto, independientemente de las variaciones culturales existentes en las “prácticas educativas” que adoptan los progenitores o tutores en cada rincón del mundo. Si recurrimos a las estadísticas, “se calcula que entre 500 millones y 1.500 millones de niños sufren por esta causa todos los años”, según el informe del Estado Mundial de la Infancia del Fondo de las Naciones Unidas de la Infancia (UNICEF) del 2009.

Pero, además del daño que produce el maltrato en la infancia, debe destacarse que la huella que dejan estas experiencias psicosociales en los niños se ve reflejada, al llegar a la vida adulta, en una salud física y mental empobrecida. Así lo han dado a conocer diversos estudios en la materia, como el de los investigadores del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres, en el que 1,000 personas fueron evaluadas mediante diferentes métodos –observación del comportamiento, informes de los padres sobre conductas disciplinarias, y de los participantes sobre castigos físicos severos y contacto sexual no deseado, etcétera- a lo largo de diferentes etapas, desde su nacimiento, hasta cumplir la edad de 32 años. En esta última, los participantes fueron sujetos a intervenciones clínicas para realizar un diagnóstico de depresión.

Se encontró que aquellos con historial de maltrato infantil eran más propensos a desarrollar cuadros depresivos en la vida adulta y, a su vez, a tener un incremento en los niveles de inflamación, lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, los niños que han sido expuestos a experiencias psicosociales adversas, sufren de anormalidades emocionales, inmunológicas y metabólicas perdurables, que traen como consecuencia el desarrollo de enfermedades asociadas con la edad avanzada. 

¿Y cuáles son estas enfermedades que amenazan con hacerse presentes a largo plazo? “Primero, la depresión se ha relacionado con múltiples anormalidades biológicas, (…) en la edad adulta, se la asocia a un riesgo elevado de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes y demencia en la vejez. Segundo, la inflamación contribuye a la aterosclerosis, a la resistencia a la insulina y a la neurodegeneración (…). Tercero, anormalidades metabólicas, tales como la obesidad (…), intolerancia a la glucosa, hipertensión y la capacidad cardiorrespiratoria contribuyen a lesiones vasculares al desequilibrio hormonal.”

A lo anterior se suma otra cadena de lesiones directas que empobrecen la salud física y mental de los niños sujetos al abuso y negligencia infantil, como un aumento en el riesgo de padecer asma y otras enfermedades cardiorrespiratorias, infecciones del tipo bacterial, viral e intestinal, estrés postraumático, ansiedad y otros trastornos del humor; de ahí el porqué de la depresión. En años posteriores, las secuelas se ven representadas en trastornos de dolor, migrañas, e inclusive en cáncer, fracturas óseas, hepatitis y bronquitis crónica. Esto, de acuerdo a un estudio de reciente publicación en American Journal of Lifestyle Medicine, titulado A Review of Physical and Mental Health Consequences of Child Abuse and Neglect and Implications for practice.

Todo esto, sin duda, da cuenta de la gran responsabilidad que los médicos especialistas tienen en sus manos para menguar, a través de una intervención clínica temprana, los daños que a largo plazo amenazan con deteriorar la salud física y mental de los niños afectados por el abuso infantil. Pero, sobre todo, de la necesidad de una prevención inicial del maltrato infantil mediante la adopción de estrategias, como “la educación o entrenamiento a los padres y programas de visitas domiciliarias,” señala el estudio antes mencionado.

Para ello, advierten los investigadores, los médicos necesitan “… conocer las condiciones y contextos que ponen a un niño en riesgo de maltrato y los indicadores de su desarrollo, comprender los signos y los síntomas del abuso actual en niños y adolescentes, y estar dispuestos a reportar el abuso y negligencia cuando se presente en el contexto clínico”.

El deterioro físico y mental antes descrito es sólo una parte de la herencia que el abuso y la negligencia infantil deja a los niños en la vida adulta. El híbrido de actos de “disciplina” que cometen los padres con sus hijos en cualquier parte del mundo se sintetiza en la violación de derechos de los niños, independientemente de que estén justificados, o sean clasificados, en una escala de “severidad”, como “moderados”. Tampoco quedan exentos aquellos actos atroces que se practican por cuestiones de índole social, religiosa, cultural, etcétera.

 

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19 de octubre de 2011 - Posted by | VIOLENCIA | , , , ,

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