Noticias en Salud Mental

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

La risa puede ser un analgésico

Un estudio recientemente publicado revela que, al igual que el ejercicio físico, la risa relajada y no forzada es responsable de la liberación de endorfinas y, además, sirve de analgésico, pues incrementa el umbral del dolor.

Por Eugenia Rodríguez Guzmán

Eugenia Rodríguez Guzmán

Quienes no ven en la palabra “deporte” ninguna connotación negativa, ni un hedonismo puro del que es ‘imposible’ gozar debido a agendas saturadas y ritmos de vida acelerados, seguramente han mencionado a terceros, para convencerlos de que inicien alguna actividad física, esa frase ampliamente divulgada por la ciencia: “el ejercicio físico libera endorfinas”.

Así, asociamos ejercicio físico con el trote o rutinas cardiovasculares desgastantes en el gimnasio como recursos para liberar endorfinas, esos neurotransmisores que, al segregarse en nuestro sistema nervioso central (SNC), hacen las veces de analgésicos y brindan sensaciones de euforia y bienestar. Pero según una reciente investigación, un acto más “sutil”, como reírnos, puede tener un efecto similar.

Y es que la risa, además de aportarnos beneficios psicológicos, como aliviar síntomas de depresión, estrés y ansiedad, o simplemente mejorar nuestro estado de ánimo, también es responsable de ciertos cambios fisiológicos: “… ejercita y relaja los músculos, mejora la respiración, estimula la circulación, disminuye las hormonas de estrés, incrementa las defensas del sistema inmunológico, e intensifica el funcionamiento mental”, escribe Ramón Mora-Ripoll, Doctor en Medicina por la Universidad de Barcelona, en su artículo “El valor terapéutico de la risa en medicina”, publicado en Alternative Therapies in Health and Medicine.

A esta lista de efectos fisiológicos de la risa se suma, además, que libera endorfinas, lo que le permite actuar como analgésico al incrementar nuestro umbral del dolor, según un estudio publicado recientemente en Proceedings B, revista de investigación biológica de la editorial Royal Society

Para los investigadores de la Universidad de Oxford, el movimiento físico que se produce durante la flexión de músculos al reírnos es lo que genera esa sensación de bienestar, pues activa la segregación de endorfinas, cuyos niveles comúnmente se miden en laboratorio mediante la aplicación de pruebas de umbral del dolor. A decir del estudio, esta medición “asume que altos niveles de endorfinas en el SNC serán asociados con un elevado umbral del dolor”. Por este motivo, decidieron comprobar, a través de seis experimentos, la relación que existe entre la risa y la tolerancia al dolor.

En cinco de los seis experimentos, los voluntarios participantes fueron sometidos a pruebas de dolor, como la de soportar una compresa congelada puesta sobre el antebrazo, y usar un ajustado aparato que mide la presión arterial, antes y después de ver videos de comedia, entre éstos, extractos de “Los Simpsons”, “South Park” y “Mr. Bean”, y videos neutrales (documentales) o positivos (no graciosos), como extractos de la serie de historia natural de la BBC, “Walking with Dinosaurs”. En todos los casos, se les solicitaba a los participantes que, llegado el límite de su tolerancia al dolor, lo dieran a conocer a los investigadores.

Más adelante, en el experimento seis, con el fin de ver lo que ocurría con los ejercicios anteriores, pero ahora realizados bajo condiciones naturales, las pruebas se trasladaron del laboratorio a obras teatrales en vivo, en las que, a lo largo de 18 días, participaron 27 actores y miembros del equipo técnico, algunos de ellos haciendo, además, las veces de audiencia. En este caso, los participantes fueron sometidos a dolorosos ejercicios de esquí como pruebas para medir su umbral del dolor, que debían completar una hora antes de participar o ver el espectáculo, y de inmediato una vez concluido el mismo.

A pesar de que en los primeros cinco experimentos las pruebas del umbral del dolor eran las mismas, la dinámica difería: en los experimentos 1-3 las pruebas se aplicaron a grupos de personas, “porque es 30 veces más seguro que la risa se dé en contextos sociales que en solitario”, aunque para determinar si los cambios en el umbral del dolor se daban por algún efecto en el grupo, o bien, a causa de la risa, en el experimento 4 se aplicaron estas pruebas de forma individual. Y, dado que “… el cambio en el umbral del dolor puede deberse a cambios en el afecto en lugar de la propia risa,” el experimento 5 se centró, también a través de videos, en separar ambos efectos. En estos últimos dos experimentos (4 y 5) se grabó el tiempo que los participantes –con dictáfonos puestos- duraban riendo mientras veían los videos.

Al analizar los resultados, tanto en el laboratorio como en condiciones naturales –obras teatrales en vivo-, se comprobó que la risa –aquella que es relajada y no forzada, también conocida como Duchenne – , incrementa el umbral del dolor. El nivel del mismo era mayor en aquellas condiciones experimentales donde los participantes veían videos de comedia –y reían por más tiempo-, mientras que no se producían cambios en las condiciones de control donde se mostraban videos neutrales. En síntesis, agregan los investigadores, “estos resultados pueden ser mejor explicados por la acción de las endorfinas liberadas por la risa.”

“En el caso de la risa, asumimos que el mecanismo funcional es el esfuerzo muscular que se da con la risa sostenida”, dicen los investigadores. Y no es para menos. La risa, entendida en la jerga científica como “una respuesta psicofisiológica al humor o a cualquier otro estímulo…” , parece como si se tratase de una máquina industrial que pone a trabajar en simultáneo una serie de piezas, pues implica “… el movimiento coordinado de 15 músculos faciales más contracciones espasmódicas del esqueleto, las cuales implican una gran masa de tejido muscular”, explica el Doctor Ronald A. Berk (http://www.ronberk.com/), Profesor Emérito de la Universidad John Hopkins, en Baltimore, Maryland

Así, sin afán de hacer comparaciones científicas entre la risa y el deporte, ni siquiera de asemejar los beneficios comprobados que aportan a nuestra salud mental, de ahora en adelante no sería una mala idea aconsejar incorporar un poco más de humor y risa en la vida cotidiana a todo aquel que no acostumbre a ejercitarse porque el “deporte no es lo suyo”, o bien, como se mencionó al principio de esta nota, porque su “ajetreada agenda” no se lo permite.

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30 de septiembre de 2011 - Posted by | Blogroll |

2 comentarios »

  1. Muchas gracias pot tu comentario. Me alegra que te resulte interesante.

    Comentario por rgvecchio | 26 de octubre de 2011

  2. Está muy bien esta web. Está llena de contenido muy interesante y de actualidad. Me gusta, sigue así de bien. Un saludo

    Comentario por BESO A BESO | 26 de octubre de 2011


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