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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Deprímete si puedes

Según deja entrever un reciente estudio global sobre la depresión de la OMS, los habitantes de países de más altos ingresos sufren una mayor incidencia de depresión. El estudio abarcó a 10 países de altos ingresos y a 8 de ingresos de medianos a bajos. Francia está al tope de la lista, seguida por los Estados Unidos, mientras que China aparece en el último lugar. Las causas no están claras, pero el estrés que genera el consumismo podría tener una gran influencia.

 Por Eugenia Rodríguez Guzmán

“Brechas de acceso a la educación inexistentes”; “necesidades energéticas por demás satisfechas”; “alto poder

Eugenia Rodríguez Guzmán

adquisitivo por persona”; “mayor esperanza de vida”; “bajas tasas de crecimiento demográfico”; “inversiones nacionales y extranjeras”; “calidad de vida y atención médica garantizadas”; “tecnología de punta”; “planificación familiar”; “sistemas políticos estables”; “eficiente organización social y administración del Estado”…

Un cúmulo de frases dotadas de estímulos visuales nos reciben a la entrada de una feria que lleva por nombre “Su pase al paraíso”, en donde agentes de ventas se disputan por enamorarnos de ese país primer mundista al que desde hace tiempo hemos querido inmigrar con nuestra familia en búsqueda de nuevas oportunidades, un mejor estilo de vida y, simplemente, porque “ahí uno estará mejor”, “vivirá más tranquilo” y “sin preocupaciones”, escuchamos; un sin fin de teorías implícitas en el “deber ser”, con las que nos auto convencemos para justificar nuestras decisiones.

Un segundo: ¿Estar “mejor?”, ¿vivir “más tranquilo”?, “¿sin preocupaciones?” ¿En qué sentido? Que en los países desarrollados –con un INB per cápita de $12,276 US como mínimo- se viva “mejor” en términos económicos, políticos y sociales, en donde cada una de estas frases que decoran los carteles publicitarios de los vendedores es una realidad, no se cuestiona, pero, ¿y qué hay de la salud mental, esa que al deteriorarse afecta la calidad de vida de las personas? Una “calidad de vida” que, por cierto, al parecer tenemos garantizada en los países de primer mundo. “Dime de qué presumes, y te diré de qué careces”, diría la sabia abuela, abriendose paso entre la multitud de la feria, a la vez que va alzando la voz.

Y es que el impecable desempeño económico y productivo de los países desarrollados en el que se disfraza esta “calidad de vida”, –seguramente- envidiable a los ojos de los “menos privilegiados”, no es el mismo a la hora de evaluar su desempeño “emocional”. Muestra de ello surge de un estudio global sobre la depresión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recientemente publicado en la revista médica BMC Medicine, en el que se encontró que los habitantes de países de alto ingreso sufren una mayor incidencia de cuadros depresivos.

El estudio, producto de encuestas epidemiológicas trasnacionales estandarizadas según el país de origen, y aplicadas mediante entrevistas de diagnóstico cara a cara, evaluó la incidencia de lo que la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) clasifica como Episodio de Depresión Mayor, en 89.037 habitantes de 18 países: 10 países de alto ingreso (Bélgica, Francia, Alemania, Israel, Italia, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, España, Estados Unidos), y 8 países de bajo a mediano ingreso (Brasil, Colombia, India, China, Líbano, México, Sudáfrica y Ucrania), basados en criterios establecidos por el Banco Mundial.

Así, se encontró que el promedio de 14,6% de la población de países de alto ingreso han padecido algún episodio de depresión mayor a lo largo de su vida –siendo Francia el primero en la lista con 21%, seguido de Estados Unidos, con 19.2%-, por encima del 11.1% de la población de los países de bajo a mediano ingreso, en donde China figura en el último puesto con 6,5%.

También, factores sociodemográficos, como la edad en la que comienzan a aparecer los primeros síntomas de depresión, sexo, ingreso, educación y estado civil, se sumaron a la evaluación de episodios mayores de depresión, y a los resultados de estas encuestas epidemiológicas. En el caso del sexo, por ejemplo, se reveló que las mujeres, independientemente de su nacionalidad, sean de países de alto o de bajo a mediano ingreso, tienen el doble de probabilidad de sufrir un episodio de depresión mayor en algún momento de sus vidas.

Ahora, si bien en el reporte de este estudio no se proporciona información adicional que explique un porqué absoluto de estos resultados, “se ha considerado que la depresión es en cierta medida una enfermedad de riqueza”, dice la investigadora Evelyn Bromet, de la Universidad Estatal de Nueva York, en Stony Brook. Otro argumento que sostienen los investigadores para ofrecer una mayor perspectiva del tema, es que en los países desarrollados existe una mayor desigualdad de ingresos entre los habitantes, lo que deriva en una amplia variedad de condiciones crónicas, incluida la depresión.

Ninguno de los argumentos anteriores suena descabellado. Vivir un estilo de vida acomodado no te libra de ser víctima del estrés, un vehículo que, sin desvíos, recorre el camino hacia la depresión. Para quienes gozan de riqueza a manos llenas, por ejemplo, “la sobreabundancia de productos, opciones de dónde escoger y actividades, no sólo produce estrés al crear la sensación de estar presionado por el tiempo, sino también angustia por la tendencia de la gente a querer elegir la mejor opción,” dice un estudio de la encuesta Gallup, titulado Affluence, Feelings of Stress, and Well-being, y publicado en Social Indicators Research, en 2009. http://www.gallup.com/poll/116431/Research-Reports.aspx

Por otro lado, también se ha comprobado que la desigualdad de ingresos en los países desarrollados tiene un impacto negativo en la salud y el bienestar de una sociedad en su conjunto, y no solamente en los que menos tienen. Así lo señala Richard Wilkinson, Profesor Emérito de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nottingham, en Reino Unido, quien ha investigado la relación entre la calidad de vida, y la igualdad económica en los países ricos. Los hallazgos de su investigación, realizada en conjunto con Kate Pickett, Profesora de Epidiemología de la Universidad de York, residen en el libro The Spirit Level, Why More Equal Societies Almost Always Do Better.

“Por miles de años, la mejor manera de mejorar la calidad de vida del ser humano ha sido incrementar los estándares de vida materiales, pero en los países ricos, el crecimiento económico ha terminado su trabajo. El crecimiento económico no mejora más la felicidad, la salud o el bienestar. Al contrario, la desigualdad causa vida más cortas, menos saludables y más infelices; incrementa la tasa de embarazo de adolescentes, violencia, obesidad, el encarcelamiento y la adicción (…)”, expresó Wilkinson durante una presentación oral ante el Parlamento Europeo, en 2009.

Y es así. Países con producción desenfrenada, altamente competitivos, gran poder adquisitivo. Un estilo de vida acelerado, se multiplica la agenda de actividades, pero no el tiempo suficiente para llevarlas a cabo y, por ende, se da cabida a la llegada del estrés, enemigo indiscutible del ser humano. Crecen los ingresos. Crece la necesidad de tener cada vez más porque “me falta”, esa angustia que le quita el sueño a quien se dejó atrapar por el consumismo, o lo que en inglés suelen llamar “consumerism treadmill”, aludiendo a una cinta de correr en la que uno sólo avanza desesperadamente, con la vista fija única y exclusivamente en el tiempo de velocidad de aquellos que tiene a su derecha e izquierda, pero ningún paso le es suficiente, y nunca llega.

En fin. Más allá de hacer un análisis sin tregua de qué hace que los habitantes de países de primer mundo sean presa fácil –o no- de la depresión, y olvidar que los países de bajo a mediano ingreso también sufren de cuadros depresivos, entre otro sin fin de desórdenes y enfermedades como le sucede a cualquier ente viviente, la investigación, como dice Evelyn Bromet, “… es importante para entender cómo la depresión afecta a la gente a nivel mundial,” y así, conociendo sus causas y sus patrones, “… se pueda ayudar a las iniciativas globales a reducir su impacto en las vidas de los individuos, y a reducir su carga para la sociedad.”

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8 de agosto de 2011 - Posted by | DEPRESIÓN |

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