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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Adicciones y cerebro

Un grupo de investigadores estadounidense logró identificar ciertas regiones del cerebro que trabajan más intensamente cuando las personas toman decisiones de modo impulsivo. Descubrió, además, que esta impulsividad se ve reforzada por la mutación de un gen que reduce los niveles cerebrales de un neurotrasmisor, la dopamina. Y piensan que aumentar los niveles de dopamina podría llegar a ser una forma de tratamiento efectivo para la adicción.

Por Ricardo Gómez Vecchio

La investigadora que dirigió el estudio, publicado hace poco en Journal of Neurosciences, es Charlotte Boettiger, profesora de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. En la investigación, compararon la actividad cerebral de un grupo de personas alcohólicas en estado sobrio con la de personas no adictas y comprobaron que los alcohólicos registran una actividad neural impulsiva más elevada.


Los datos que obtuvieron indican que puede existir una diferencia en la actividad cognitiva de las personas con adicción. Según parece, sus cerebros no procesarían completamente las consecuencias a largo plazo de sus elecciones y, además, analizarían la información con menor eficiencia.

En la investigación participaron 24 personas, 9 alcohólicos en recuperación y en período de abstinencia, y otros 10 que no tenían historial de adicción de ningún tipo. A 19 de ellos se les realizó un escaneo cerebral utilizando resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI), y a otros 5 se les realizó un análisis genotípico.

Las instalaciones donde se ejecutó el escaneo por fMRI, fueron las de la Universidad de California, en Berkeley. Las tareas en las que se les pide a alguien tomar ciertas decisiones permiten hacer mediciones referidas a su pensamiento racional y a las características de su impulsividad. En este caso, los científicos utilizaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para observar gráficamente la actividad cerebral de un grupo de personas mientras enfrentaban una situación hipotética: escojer menos dinero en ese momento, o más dinero después.

Los alcohólicos en estado sobrio eligieron la recompensa inmediata con una frecuencia tres veces superior a la del grupo de control, lo que refleja una conducta más impulsiva por su parte.

Mientras tomaban las decisiones, las imágenes resultantes del escaneo permitieron detectar actividad en la parte posterior de la corteza parietal, la zona dorsal de la corteza prefrontal, el lóbulo temporal anterior y la corteza orbital frontal. La gente que ha sufrido daños en esta última región generalmente sufre problemas para tomar decisiones, maneja el dinero pobremente y actúa impulsivamente.

El estudio reveló que los cerebros de las personas que prefirían el “ahora” sobre el “más tarde”, la mayoría de las cuales tenía una historia de alcoholismo, registraban una actividad reducida en la corteza orbital frontal. La actividad de esta región del cebrebro está directamente vinculada con el análisis de las consecuencias de largo plazo.

“Pienso en la corteza orbital frontal como en los frenos de un vehículo. Con los frenos activados, la gente elige por el futuro. Sin los frenos elige por la ganancia de corto plazo” explica Boettiger.

La corteza dorsal prefrontal y la corteza parietal a menudo forman circuitos cooperativos, y este estudio encontró también que una alta actividad en ambas regiones está asociada con la tendencia a elegir recompensas inmediatas.

Las cortezas frontales y parietales también están involucradas en la memoria de trabajo, que es la que mantiene los datos en la mente durante un corto período de tiempo. Cuando a las personas se les pidió que eligiesen entre recibir una cierta cifra en ese momento u otra superior un mes más tarde, debían calcular cuanto valdría al mes la cifra ofrecida en ese momento, para poder compararla con la que recibirían un mes después y así decidir si valía la pena esperar.

Las imágenes cerebrales comprobaron que la corteza parietal y la corteza dorsal prefrontal estaban mucho más activas en quienes no quería esperar. Esto podría significar, según Boettiger, que en dichas personas esas áreas trabajan menos eficientemente.

Por otras parte, los investigadores también se concentraron en observar la variante de un gen llamado COMT. Una mutación observada en ese gen está asociada con niveles de dopamina más bajos. La dopamina es un neurotransmisor producido en una amplia variedad de animales, en muchas partes del sistema nervioso. Tiene muchas funciones en el cerebro, incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, la regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, la atención, y el aprendizaje.

El estudio mostró que la gente con la variante del gen COMT tenía una actividad en las regiones frontal y parietal del cerebro significativamente más alta, y que elegía el “ahora” en lugar de “más tarde” en la prueba vinculada con la toma de decisiones, con una frecuencia significativamente mayor.

Según Boettiger, los datos logrados son un paso significativo hacia la identificación de subtipos de alcohólicos, y esto podría llevar a personalizar los tratamientos, y a permitir brindar una atención más temprana a la gente que tiene riesgo de desarrollar adicciones. Lo más destacado, agrega la estadounidense, es que su estudio brinda más evidencias de que la adicción es una enfermedad, algo que algunos de sus pares aún no creen.

La adicción, desde este punto de vista, no es muy distinta a otras enfermedades crónicas, como la diabetes. Hay factores genéticos y otros factores biológicos subyacentes, pero la enfermedad es disparada por las elecciones que hace la gente.

Hasta no hace mucho tiempo, algunos científicos creían, por ejemplo, que la esquizofrenia era causada por madres malas y otros factores de la relación, y que la depresión no era una enfermedad. Estos resultados arrojan nueva luz sobre las bases neurobiológicas de las adicciones e identifican consecuencias comportamentales y neurales de las variaciones genéticas del metabolismo de la dopamina.

Howard Fields, profesor de neurología e investigador del Gallo Center, donde se llevó a cabo el trabajo, dice estar muy entusiasmado con estos resultados debido a sus implicancias clínicas. El estudio plantea la posibilidad de desarrollar un nuevo enfoque terapéutico. En el futuro, tal vez podrían prescribirse medicamentos, como los que se usan para tratar el mal de Parkinson o la enfermedad de Alzheimer y adecuar mejor las terapias cognitivas, para tratar a algunas personas con desórdenes adictivos.

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10 de noviembre de 2010 - Posted by | Blogroll

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