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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

La mujer objeto

Un estudio comprobó uno de los efectos que provoca en las mujeres sentirse un objeto sexual. Si piensan que un hombre está observando su cuerpo cuando ellas les están hablando para presentarse, se muestran más calladas. La misma experiencia parece no afectar a los hombres.

Hay miradas que matan, afirma un dicho popular. Tal vez no literalmente, pero la mirada tiene un efecto muy poderoso. Lleva el peso de la historia de cada cultura y aún actuar como una mordaza. El simple acto de un hombre mirando el cuerpo de una mujer, algo muy común en la sociedad moderna que la publicidad explota hasta elinfinito, no es algo tan inofensivo, al menos desde la perspectiva de un equipo de investigadores israeíes y estadounidenses.

Quien condujo a este equipo es el psicólogo Tamar Saguy, que junto a sus colegas publicó recientemente un trabajo en Psychological Science. Traducido del inglés el título sería ”Interactuando como un cuerpo: la objetificación puede llevar a una mujer a estrechar su presencia en las interacciones sociales”. Dicho en criollo, estos psicólogos demostraron que una mujer se vuelve más callada si piensa que un hombre se está concentrando en su cuerpo.

En el experimento, un grupo de mujeres a las que se les pidió que se presentaran a sí mismas ante una persona, a la que no veían, dedicaron menos tiempo a hablar sobre ellas si pensaban que esa persona era un hombre y que estaba mirando su cuerpo. Una forma muy concreta de demostrar lo que es sentirse un objeto y al mismo tiempo la primera evidencia de un estudio sobre lo que puede producir en una mujer sentirse un objeto sexual, es decir, un objeto del deseo despersonalizado, en lugar de un individuo con toda su complejidad. Los hombres ante la misma tarea, en cambio, no se vieron afectados por la mirada femenina sobre su cuerpo.

Veamos un poco cómo fue este estudio. Saguy consiguió reunir estudiantes, hombres y mujeres, a los que se les pidió colaboración para un trabajo en el que pensaban analizar cómo la gente se comunica usando las expresiones, los gestos y la voz. Cada uno de ellos se sentó solo en un cuarto, con una grabadora y una cámara de video, y se les pidió que se presentaran indicando por ejemplo qué planes tenían para el futuro o las cosas que más les gustaría hacer. Disponían para ello de un máximo de tiempo de dos minutos., Los que se presentaban sabían si quien escuchaba esta presentación desde en un cuarto contiguo era hombre o mujer. También conocían si esa persona los estaba viéndo sólo del cuello hacia arriba, sólo del cuello hacia abajo, o únicamente escuchando la voz.

Los resultados indicaron que si las mujeres pensaban que mientras se presentaban estaban siendo observadas por un hombre hablaban menos tiempo, particularmente si las observaban del cuello hacia abajo. En cambio, dedicaban los dos minutos de que disponían para presentarse si creían que quien las estaba escuchando era una mujer – sea como fuere que las observara o escuchara- o si quien estaba del otro lado era un hombre, pero no podía verlas sino sólo oirlas. Cuando las estudiantes creían que los hombres estaban observando sus cuerpos sólo usaron para presentarse menos de un minuto y medio de los dos que disponían.

Para los hombres, en cambio, la mirada femenina no parece ser un problema, al menos en este experimento. Utillizaron los dos minutos para hablar sobre ellos mismos fuera que los estuvieran mirando del cuello hacia arriba, del cuello hacia abajo o que sólo los escucharan. Y esto tanto se tratara de un hombre o una mujer quien pensaban que estaba en el cuarto vecino.

Según parece, no se trata de que los hombres no se sientan inquietos por la observación de su cuerpo. Después del experimento, tanto hombres como mujeres respondieron un cuestionario. Y en él ambos géneros afirmaron ”sentirse más un cuerpo que una persona” si la camara los enfocaba del cuello hacia abajo. Pero lo interesante es que en la tarea concreta sólo las mujeres se vieron afectadas por esta sensación ante la mirada masculina.

Aunque también hubo diferencias acerca de cuánto les molestaba a hombres y mujeres cada tipo de exposición ante el otro género. A un 61% de las mujeres les disgustaba la cámara que enfocaba el cuerpo, a un 32% la que apuntaba al rostro y a un 7% les desagradaba sólo el audio. Mientras que un 36% de los hombres dijo que le disgustaba la cámara enfocada al cuerpo, a un 42% la que apuntaba al rostro y a un 22% el audio solamente. Esto indica que al contrario que a las mujeres, a los hombres les molestaba más la cámara que sólo enfocaba su rostro que la que se centraba en su cuerpo.

Según explica el psicólogo Tamar Saguy cuando una mujer cree que un hombre se concentra en su cuerpo, su presencia se estrecha y habla menos. Esto es al menos lo que pasó en el experimento. Y arriega una posible razón: sentirse un objeto mueve a la mujer a alinear su comportamiento con lo que se espera de ella. Las cosas silenciosas están desprovistas de otros rasgos interesantes. Si la tratan como un objeto, la mujer se comporta como tal. Es decir, ante la mirada objetivizante sólo le deja al hombre eso, un objeto. Alternativamente, también podría pensarse que la preocupación por estar siendo observadas por un hombre de ese modo distrae a las mujeres de la tarea que tienen por delante -en este caso presentarse- ya que las inquieta la apariencia física que están dando, más que al hombre.

Está claro que el estudio se llevó a cabo en un escenario artificial, se trató de un experimento muy bien montado pero algo lejano a la vida real. En el mundo cotidiano las interacciones sociales son mucho más complejas y la objetificación toma formas más sutiles. Sin duda rápidas y alternantes miradas a ciertas partes del cuerpo no son lo mismo que una cámara enfocada del cuello hacia abajo.

Pero aún teniendo en cuenta estos reparos, el estudio no deja de mostrar que las miradas no pasan desapercibidas y afectan nuestros comportamientos. Pensemos si no cómo todos tendemos a mirar el techo o el piso en un ascensor lleno de gente. O en esas miradas que llevamos grabadas para siempre desde algún momento de nuestra vida.

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6 de junio de 2010 - Posted by | SEXUALIDAD

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