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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Compuestos Sintéticos Antienvejecimiento

El vino y algunos alimentos contienen en pequeñas cantidades una sustancia potencialmente capaz de hacer más lento el proceso de envejecimiento. Pero investigadores de Harvard han desarrollado moléculas mil veces más potentes que podrían alargarnos la vida hasta en un 30 por ciento.

Por Ricardo Gómez Vecchio

Desde tiempos inmemoriales los hombres buscamos escapar a la enfermedad y la muerte. La inmortalidad como don aparece con frecuencia en las leyendas. Historias de objetos como la piedra filosofal, la panacea universal y el elixir de la vida son comunes por toda Eurasia y en otras regiones. La fuente de la juventud, por ejemplo, un símbolo de la inmortalidad, supuestamente curaba y devolvía la juventud a quienquiera que bebiera sus aguas o se bañara en ellas, aunque nunca pudo ser descubierta.

Más cerca en el tiempo, con el avance de la ciencia, la idea de la inmortalidad ha quedado relegada al terreno del mito, pero muchos investigadores tratan de encontrar sustancias para alargar la vida, con diversos resultados.

Una de ellas es el resveratrol, una proteína enzimática presente en las paredes de células vegetales, como las uvas, en productos derivados, como el vino y el mosto, y en otros alimentos como el maní y las nueces. Posee propiedades antioxidantes y anticancerígenas. Por tanto, los alimentos y bebidas que contienen esta sustancia se consideran recomendables para la salud. Estudios recientes han revelado que esta sustancia es también beneficiosa en el tratamiento de la obesidad.

Uno de los más fervientes defensores de las propiedades del resveratrol es David Sinclair, quien trabaja en el Departamento de Patología de la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos, y es un especialista de fama mundial en el campo del antienvejecimiento.

Quienes trabajan con él en ese departamento tienen como misión desarrollar modos de prevenir y tratar las principales enfermedades manipulando los genes que controlan cuan rápido envejecemos.

En los últimos 10 años ha habido un cambio de paradigma en la comprensión del proceso de envejecimiento. Hasta 1990, la mayoría de los investigadores creían que ese proceso era demasiado complejo para encontrar drogas que pudieran lentificarlo. Pero entonces, los genetistas comenzaron a descubrir genes que podían extender sustancialmente el tiempo de vida en organismos de laboratorio, como gusanos, moscas y ratones.

Actualmente, los científicos saben que la tasa de envejecimiento no está predeterminada, sino regulala naturalmente por un grupo de genes muy importantes. Estos genes tienen relación con los notables efectos de la dieta conocida como hipocalórica, que demora el envejecimiento en todas las especies testeadas, desde las levaduras a los primates.

La dieta hipocalórica es actualmente el único tratamiento que puede prevenir enfermedades vinculadas con el envejecimiento, incluyendo al cáncer, la enfermedad cardíaca, la osteoporosis, la diabetes y la neurodegeneración. Basándose en este descubrimiento, los investigadores de Harvard han sintetizado pequeñas moléculas que pueden activar al grupo de genes vinculados con la dieta hipocalórica en los mamíferos, con el fin de desarrollar drogas que puedan tratar enfermedades del envejecimiento, promover la supervivencia de las células y recuperarlas luego de una lesión. Para ello aún deben responder a numerosas preguntas que surgen de la química, la bioquímica, la genética y la biología celular, trabajando con distintos modelos en animales.

Sinclair ha popularizado la idea de que el resveratrol, una molécula presente en el vino tinto y en otros productos, tiene propiedades antienvejecimiento. Sus estudios han demostrado que la molécula activa esas vías genéticas, o “genes reguladores” que existen en toda forma de vida y protegen a los organismos de un modo que los hace más sanos y probablemente les prolonga la vida.

Para Sincliar esas vías son como guardianes de nuestras células, que las conservan saludables y vivas durante más tiempo. “Creemos que utilizando fármacos dirigidos a esos genes, podemos obtener amplios efectos, no sólo para una enfermedad a la vez, sino para muchas. Imagine una píldora contra la diabetes que también retrase el cáncer, la enfermedad cardiaca e incluso las cataratas”, destaca el investigador estadounidense.


La investigación de Sinclair ha demostrado un incremento del 30 por ciento en la duración media de la vida de ratones y células de levadura, y un 59 por ciento de incremento en cierto tipo de pez de vida corta. En humanos, él cree que es concebible lograr un 30 por ciento de incremento en la duración de la vida.

“La clave no es tanto el poder vivir más tiempo, sino el conseguir que cuando uno tenga 90 años de edad se sienta como si tuviera 60”, acota Sinclair. “No se trata de dejar más tiempo en sillas de ruedas a las personas ancianas. Esta molécula realmente prolongaría la vida útil. Uno aparentaría menor edad y posiblemente evitaría el inicio precoz de enfermedades propias de la vejez”.

Un reciente estudio hecho por Sinclair revela que el resveratrol tiene además, la capacidad de emular a la dieta hipocalórica, común en las sociedades con mayor longevidad. Pero en el laboratorio de Harvard han desarrollado moléculas que son mil veces más efectivas que el resveratrol. Actualmente, el científico se encuentra trabajando en la segunda fase de las pruebas clínicas de algunos de sus fármacos en humanos con diabetes.

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12 de junio de 2008 - Posted by | SALUD

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