Noticias en Salud Mental

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

EL DOLOR DE LOS MÉDICOS

Cuando atienden a sus pacientes, los médicos aprenden a “desconectar” una región cerebral que nos hace apreciar emocionalmente el dolor que sienten los otros. Además, tienen activada una parte del cerebro que está relacionada con el control de las emociones. Se trata de una función adaptativa para regular una reacción automática que todos tenemos. Eso permite actuar con eficacia en situaciones donde percibir el dolor ajeno podría hacernos fallar.

Por Ricardo Gomez Vecchio

Los profesionales que trabajan en el el área de la salud tienen algunas veces que llevar a cabo ciertas acciones que provocan dolor físico, como parte de su trabajo para curar a los pacientes. Tal es el caso de los médicos cuando desinfectan una herida, los odontólogos cuando nos arreglan una carie o los enfermeros en el momento de atender a un paciente que está en cama con fracturas o escaras.

Por ese motivo, es crucial que puedan mantener su autodominio, sin dejarse influirdolor.jpg emocionalmente por los quejidos u otras manifestaciones de dolor que advierten de las personas que están sufriendo. Es difícil imaginar cómo un profesional de la salud puede realizar casi sin inmutarse maniobras que a cualquier otra persona le resultarían imposibles o le provocarían un desmayo.

Sólo conservando la “cabeza fría” los médicos y enfermeros se aseguran poder cumplir su tarea con la máxima eficacia, alejando la posibilidad de cometer un error por estar nerviosos ante el sufrimiento de la persona a la que están atendiendo. Mediante el entrenamiento y la acumulación de diversas experiencias, aprenden a lograr esquivar esas emociones. Y esto es algo que cualquiera de nosotros puede lograr.

Jean Decety, Profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Chicago, y Yawei Cheng del Instituto de Neurociencia, Universidad Nacional Yang-Ming en Taipei, Taiwan, y sus colegas llevaron a cabo un estudio sobre cómo ocurre este interesante proceso con ribetes casi filosóficos. El trabajo fue publicado recientemente en la revista científica Current Biology.

Investigaciones anteriores, incluyendo una realizada en el laboratorio del propio Decety, mostraron que hay un circuito nervioso que registra el dolor en uno mismo y que ese circuito también se activa cuando una persona ve a otra experimentando dolor. Esta respuesta es automática e involucra a la ínsula anterior y la corteza anterior cingulada del cerebro. Aparentemente, este proceso podría reflejar una reacción espontánea frente al pánico, que se desarrolló a lo largo de la evolución como medio de evitar el peligro.

La investigación de Decety y el equipo taiwanés, integrado por Yawei Cheng, Ching-Po Lin, Ho-Ling Liu, Yuan-Yu Hsu, Kun-Eng Lim y Daisy Hung, demostró que nosotros, los seres humanos, podemos aprender a controlar esa respuesta automática.

El equipo realizó su investigación en Taiwan. En la misma participaron dos grupos homogéneos de hombres y mujeres con una edad promedio de 35 años y niveles socioeconómicos y educativos similares. Un grupo estuvo integrado por 14 médicos y el otro por 14 personas de otras profesiones, que no tenían experiencia previa en acupuntura. La investigación se orientó a detectar las respuestas que se registraban en el cerebro de estas personas, para lo que utillizaron la técnica de resonancia magnética funcional por imágenes.

Los investigadores registraron las respuestas cerebrales de cada una de las personas mientras observaban breves videoclips. En algunos de ellos, se mostraba a sujetos que estaban recibiendo prácticas de acupuntura. A estas personas se les aplicaba agujas en regiones de la boca, las manos, y los pies. En otros videoclips, se veía pacientes que simplemente estaban siendo tocados con bastoncillos de algodón, una práctica totalmente indolora. Las imágenes se iban mostrando al azar.

En el grupo de control, es decir, en las personas que no eran médicos, el escaneo cerebral reveló que el circuito del dolor se activaba al observar los videos con prácticas de acupuntura, pero no al ver los otros.

Los médicos, en cambio, no registraron incremento en la actividad de la región cerebral relacionada con el dolor en ningún momento, vale decir, ante ninguno de los videoclips observados. Además, también a diferencia del grupo de personas que no eran de su profesión, registraron un incremento en la actividad de ciertas áreas del cerebro: la corteza prefrontal media y superior, y la unión témporo-parietal. Estas áreas constituyen un circuito neuronal relacionado con la regulación de las emociones y el control cognitivo.

Como parte de la investigación, también se le preguntó a los integrantes de los dos grupos que estimaran el nivel de dolor que ellos creían que estaba experimentando la gente mientras se les aplicaba las agujas de acupuntura. El grupo de los que no eran médicos estimó un nivel de dolor de alrededor de 7 puntos sobre una escala de 10, mientras que los médicos dijeron que el dolor que sentían esas personas estaba probablemente alrededor de los 3 puntos de la escala.

Según los investigadores, hay una modulación cognitiva del mecanismo automático para registrar el dolor, que tiene una función adaptativa. De no ser así, los cirujanos, dentistas y enfermeras que enfrentan situaciones de este tipo casi todos los días durante su trabajo profesional, experimentarían una ansiedad y un estrés que interferiría en su capacidad para curar.

Para Decety, este nuevo estudio también arroja luz sobre los mecanismos involucrados en la empatía. La empatía depende de nuestra capacidad para compartir emociones y sentimientos con los demás. Si hay demasiada coincidencia entre uno y los demás, esto puede producirnos un estrés excesivo, lo que implicaría una reacción contraria, que nos llevaría a alejarnos de esas personas y situaciones. Nuestra preocupación empática, entonces, necesita regular esos mecanismos que nos llevan a compartir emociones y sentimientos con los demás. De ese modo, se libera nuestra capacidad cognitiva y podemos así actuar por el bien de los otros sin “interferencias” de las emociones.

Estos hallazgos también apoyan la noción de que los seres humanos regulamos nuestras emociones mediante procesos cogniticos que involucran a la memoria de trabajo, a la memoria de largo plazo y a la metacognición, es decir, a la capacidad que tenemos de autoregular el propio aprendizaje, planificar qué estrategias utilizaremos, aplicarlas, controlar el proceso, evaluarlo para detectar posibles fallos, y como consecuencia transferir todo ello a nuevas situaciones que tendremos que enfrentar.

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25 de diciembre de 2007 - Posted by | DOLOR

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