Noticias en Salud Mental

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Leer la mente

(El País Digital. Por Mónica Salomone) – Los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador. En pocas palabras: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido.

Los investigadores hicieron electroencefalogramas a 43 hombres y mujeres diestros mientras reaccionaban ante un estímulo que solía repetirse, pero a veces cambiaba.
Cuando ocurría esto último, en la gran mayoría de los sujetos que previamente se habían
declarado liberales se detectaba una actividad más intensa en un área de la corteza
cerebral relacionada con los conflictos, lo que sugiere “una mayor sensibilidad neurocognitiva” a los cambios, escriben David Amodio y su grupo en su artículo. Se ve, por
tanto, la firma de la ideología en el cerebro.

“Esta investigación demuestra que se empieza a dilucidar cómo un producto abstracto,
aparentemente inefable de la mente, como la ideología, tiene su reflejo en el cerebro
humano”, dice Amodio. ¿Alguien se escandaliza por esta afirmación? ¿Alguien piensa que
es absurdo que pueda verse algo así en un escáner cerebral? No los neurocientíficos,
desde luego. Para ellos está clarísimo, y es perfectamente esperable, que cerebros que
piensan distinto, que reaccionan distinto ante un mismo estímulo, funcionen de forma
diferente; medir esa diferencia es sólo cosa de tener el instrumento adecuado.

“Todo, y todo es todo, está en el cerebro”, dice Alberto Ferrús, director del Instituto Cajal de Neurociencias del CSIC, en Madrid. “La sensación de estar enamorado o enfadado, la
religión… todo se traduce en moléculas, en algo físico que hay en el cerebro”.

En los años noventa, cuando aparecieron las primeras técnicas para estudiar el cerebro
humano en vivo y en directo -en acción-, se supo que la corteza cerebral de muchos ciegos
muestra diferencias apreciables respecto a la corteza de personas que ven; que el cerebro
de los taxistas tiene más sitio para información espacial; o cómo actúa el cerebro de los
ajedrecistas al jugar. ¿Qué hay de raro en dar un paso más y buscar la marca de la mentira
o la espiritualidad? Nada de nada, dice Ferrús.

Pero volvamos al trabajo sobre los cerebros políticos. En él se hacen las siguientes
analogías: pensamiento menos rígido equivale a ideología liberal; pensamiento menos
rígido equivale a más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos; y, por tanto, más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos equivale a
ideología liberal.

Puestos a analizar, dicen los expertos, el eslabón frágil del razonamiento no es que un
estilo de pensamiento tenga su sustrato biológico, sino lo no absoluto del término liberal. En el trabajo de Nature Neuroscience la mayoría de los autodefinidos liberales votaron por
John Kerry, y los conservadores por Bush. ¿Se puede sustituir eso por Zapatero versus
Rajoy? Y en un país musulmán, ¿quiénes tienen el cerebro flexible y quiénes rígido? Y los
liberales del Trienio Liberal en España, entre 1820 y 1823, ¿qué cerebro tenían?

Ahora bien, no hay que equivocarse: que haya un sustrato biológico no implica ni que ese
hardware nos ha sido transmitido genéticamente, ni que es inmutable. “Nosotros no
examinamos si la orientación política se hereda, si nos viene dada de nacimiento”, explica
Amodio. “El cerebro es maleable, así que incluso si nacemos con un sistema neural más
sensible a información conflictiva, es posible que este sistema neural cambie con el
tiempo”. Y ¿es fácil de cambiar el hardware que nos viene de fábrica? En otras palabras,
¿Qué pesa más, lo heredado o el ambiente?

“Puede que esa no sea la manera correcta de formular la pregunta”, responde Amodio. “Los genes proporcionan unos mecanismos de base para la supervivencia. Pero lo bonito es que la expresión génica es muy sensible al ambiente”.

Otra posible pregunta sobre este trabajo es si los cambios sociales globales -el cambio de
postura respecto a la homosexualidad, el divorcio o el trabajo femenino-, implican un
cambio colectivo en el funcionamiento del cerebro. ¿Tenemos todos un cerebro más
liberal? “Tal vez”, responde Amodio, para quien sin embargo la sociedad tiende ahora hacia un mayor conservadurismo -una prueba más de lo confuso de estos términos-. Pero “no está claro si estos cambios a gran escala tienen algo que ver con cambios heredables.
Podrían estar más relacionados con la globalización y los cambios culturales”.

En cualquier caso, lo cierto es que a la luz de los tentáculos que está desarrollando la
neurociencia la intimidad empieza a emerger -también- como un concepto de lo más
borroso. Con lo que ello implica, como señala Carlos Belmonte, director del Instituto de
Neurociencias de Alicante: “Los problemas éticos que plantea la capacidad de analizar la
actividad del cerebro vinculada a conductas, o la capacidad de modular desde fuera esa
actividad cerebral, de encender o apagar genes, la neuro-estimulación, son importantes”.
Se podría llegar a descubrir cómo es el cerebro de un maltratador, por ejemplo, y entonces
“¿Estaría bien tratarle para que no llegue a serlo? ¿Hasta dónde podemos llegar? Se van a
plantear debates muy serios, y vamos a una velocidad espeluznante”, dice.

Anuncios

2 de octubre de 2007 - Posted by | NEUROCIENCIA

Aún no hay comentarios.

Agradecemos tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: